Mallorca es, probablemente, el mejor sitio de Europa para rodar en primavera y otoño: puertos míticos de la Serra de Tramuntana, carreteras impecables y un clima que acompaña. Si estás preparando tu viaje ciclista, la gran pregunta es siempre la misma: ¿me traigo mi bici o la alquilo aquí? Te lo contamos claro, y de paso te explicamos cómo moverla por la isla sin que tengas que cargar con nada.
No hay una respuesta única, depende de ti. Traer la tuya es lo más cómodo a nivel de sensaciones: conoces cada marcha y cada centímetro del sillín, y eso en un puerto largo se nota. A cambio, toca facturarla en el avión, pagar el suplemento y embalarla con cuidado. Alquilar te ahorra ese lío, y aquí hay tiendas excelentes, pero nunca es del todo tu bici. Por norma, quien viene a hacer rutas largas y exigentes por la Tramuntana suele traer la suya; quien busca un par de salidas tranquilas, alquila sin pensarlo.
Si te la traes, revisa con tiempo la política de tu aerolínea: cada una tiene sus medidas, su peso máximo y su tarifa, y conviene reservar el transporte de la bici al comprar el vuelo. Desmóntala lo justo (pedales, manillar, ruedas si hace falta) y protégela bien en una funda acolchada o, mejor aún, en una maleta rígida. Un buen embalaje es la diferencia entre llegar y rodar o llegar y buscar un taller.
Y aquí entramos nosotros. Una vez en Mallorca, recogemos tu bici en el aeropuerto y te la llevamos al hotel, montada y lista. Si haces una ruta por etapas y cambias de alojamiento cada noche, movemos la bici (y tu equipaje) al siguiente hotel mientras tú pedaleas ligero. Tú disfrutas del puerto; de la logística nos encargamos nosotros.
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